Prólogo


 Ciertamente no fue una idea demasiado original el adoptar la costumbre de apuntar las frases más significativas de entre la maraña de estupideces que surgían a lo largo de todas las reuniones con los amigos de clase. La inspiración para esta práctica tiene su origen en un pequeño espacio dentro del emblemático programa televisivo El Informal, que llevaba por nombre Pfffffsss Mentales, y presentaba un análisis exhaustivo y mordaz de diversos testimonios de personajes famosos, que tenían como rasgo común la carencia de toda lógica y sentido.

 Esta peculiaridad del Informal, como tantas otras, fue inmediatamente imitada por numerosos grupos de amigos a lo largo y ancho de la geografía española, y mi panda de colegas de entonces no quiso ser menos. En nuestro caso, la actividad tomó forma en mitad de 6º de la ESO, propiciada por dos factores fundamentales que coincidieron en perfecta simbiosis: la predisposición general a la tontuna más absoluta así como la ingente cantidad de tiempo libre de que disponíamos.

 Comenzamos pues a recopilar en hojas manuscritas las pifias de compañeros, profesores y gente variopinta con que topábamos, realizando varios escribas la tarea, aunque por lo general el descontrol campaba a sus anchas. Por mi parte participaba en la labor de recogida con mi famosa agenda escolar de aquel curso, que posteriormente se convertiría en objeto de culto y veneración, al igual que las de cursos posteriores. Eran tiempos felices...

 Por aquellas fechas me di cuenta de que podría ser una gran idea incorporar la mayor parte de las frases que habíamos ido reuniendo entre varios amigos a lo que por entonces era mi neonata y paupérrima página web, con objeto de aumentar un caudal de visitas que por aquel entonces era poco menos que raquítico. Aquello constituyó un gran acierto, pues el único que ya había comenzado a hacer algo parecido con anterioridad era Ericapi, y él no tenía en su poder más que una pequeña parte de las ilustres citas recopiladas a lo largo del año escolar. Con gran expectación por parte de todos mis compañeros, dispuse una sección en mi web que llevaba el nombre de Paridas (para evitar repetir los apelativos ya consagrados Pfffffsss o pifias), y periódicamente la fui actualizando.

 El año terminó, y tras cerrar lo que en un arrebato de originalidad se me ocurrió bautizar como primera temporada y establecer un podio de honor en función del mérito de cada uno, se sucedieron las temporadas segunda y tercera. Decidí ir ordenando el contenido en paralelo a mi propio recorrido escolar, es decir, con una página por trimestre y una pretemporada que englobara todas las frases pronunciadas durante los meses de estío. A partir de la segunda temporada, pasé a fechar las paridas con la mayor exactitud posible, para marcar bien el paso del tiempo y la evolución de las obsesiones de cada cual y de su forma de desbarrar, y para plasmar al mismo tiempo el desfile de las diversas gentes con las que me iba topando.

 El tiempo pasó, y la actividad recopilatoria fue decreciendo en cantidad, aunque por suerte no en calidad. Llegado a cierto punto, me cansé de elaborar las clasificaciones de fin de trimestre y de temporada, y me limité a la labor de copista. A día de hoy han pasado ya unos cuantos años desde que todo comenzara. Considero toda una hazaña el hecho de que a pesar de haber crecido y haberme convertido en alguien presuntamente más responsable y serio, pueda seguir recopilando frases tontas de la gente y disfrutar con ello. Esta sección ha variado mucho con el tiempo, cosa que no le ha impedido gozar en todo momento de una gran popularidad entre sus visitantes asiduos.

 Aunque en tiempos pretéritos albergó mi visión personal acerca de los temas más pintorescos, en la actualidad el Estanque se halla prácticamente dedicado en exclusiva a las Paridas y a todo lo que las rodea. Mi intención es mantener esta costumbre recopilatoria, actualizar la página regularmente aunque sea a cuentagotas, no solamente para dar cabida a todas las maravillas de la dicción de nuevo cuño, sino también para rendir un pequeño tributo imperecedero a las muchas personas con las que entablé amistad y de las que el tiempo, por una u otra razón, me ha ido distanciando. Quiero dar las gracias a toda la gente cuyo nombre figura a lo largo y ancho de esta peculiar enciclopedia, así como a todos los que antes o después han mostrado su apoyo a esta iniciativa. Estas paridas son de todos, ¡disfrutadlas!

septiembre de 2006





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